Lugares: la Tasca Galileo

En un viaje, una excursión, o cualquier otra forma de conocer el mundo o la ciudad en la que se vive, no todos los encantos se concentran en los momumentos y sitios señalados. Sólo con pasear y dejarnos llevar por la curiosidad, se pueden descubrir un montón de sitios en los que pasar un rato especial. Por supuesto, también hace falta estar dispuesto a desembolsar un poco de dinero, ya que generalmente las experiencias se pagan (literalmente, en moneda de curso legal) En muchas ocasiones la inversión merece la pena, y trae a cambio el descubrimiento de un lugar único, que permanece como referencia para volver a pasar buenos momentos cuando la ocasión o el bolsillo lo permitan.

Como una de las cosas que más disfruto en esta vida es la comida, los lugares que descubro suelen ser restaurantes, sitios de tapeo… donde se pueda mover el bigote, vaya. También tengo el radar configurado para detectar teterías y cafeterías, y tiendas.

Por supuesto que se pueden vivir grandes experiencias sin pagar un duro, pero cuando hable de lugares me referiré normalmente a establecimientos a los que dar una oportunidad. No pretendo hacer publicidad ni una especie de guía del ocio; a mí me encanta que me recomienden sitios donde ir, así que voy a dedicarme a hacer lo mismo.

Lo que mejor conoce uno es lo que tiene cerca, así que empezaré hablando de la Tasca Galileo, en Las Palmas de Gran Canaria. Como su propio nombre indica, está en la calle Galileo, una de las transversales que desemboca en el Paseo de las Canteras. De hecho, si uno se aventura por las calles que rodean las Canteras, es muy fácil que se tropiece con la Tasca por casualidad. Aunque como es tan pequeña, es igual de fácil pasar de largo sin verla.

La puerta de la Tasca Galileo es bastante pequeña, y el letrero de madera no demasiado vistoso; pero si conseguimos localizarla, quedaremos tan contentos o más como el miope que encuentra su lentilla perdida.

Al ser tan recogido, el estilo del local consigue la impresión de que hayamos caído por algún agujero dimensional, y hayamos aparecido en alguna bodega de La Rioja. El ladrillo visto, las baldosas marrones, las mesas altas y los taburetes de madera, la barra forrada de mampostería, la carta escrita en pizarras colgadas de la pared. Y, como vemos en la foto, toda una pared cubierta de botelleros. La Tasca tiene el mérito de que los trucos para ahorrar espacio se convierten en elementos que contribuyen al ambiente.

Y no sólo en la decoración se queda la sensación de estar en la Meseta. Levantando mucho el cuello, eso sí, podremos ver que la carta nos ofrece la posibilidad de pedir cecina de León o una tabla de ibéricos. El resto de tapas se salen de los tópicos que ofrece la restauración canaria, y ofrecen platos bastante elaborados y de calidad. El precio de la ración oscila entre los 5 y los 7 euros, pero  tanto las combinaciones de ingredientes como la preparación bien lo valen. Podremos sorprendernos comiendo trozos de butifarra frita con cebolla confitada envuelta en un saquito de pasta filo, o un maxi medallón empanado compuesto de risotto con setas. Todo lo acompañan con unas patatas paja finísimas, que para mi gusto son las mejores que he probado, y eso que a mí este tipo de patata no me suele hacer mucha gracia.

El plato estrella es el queso frito con salsa de melón. Sentados en la Tasca, si miramos un poco a nuestro alrededor nos daremos cuenta de que todas las mesas piden este plato al menos una vez. Es un poco pesado al estómago, pero el sabor desde luego no se parecerá a nada que hemos probado, y nos costará olvidarlo.

Una vez acomodados en el taburete, con nuestro plato de queso frito con salsa de melón, podemos pedir un vinito para acompañar. Aunque yo, que llevo la cerveza con limón y patatas bravas grabadas en el ADN, cuando estoy de tapeo no puedo evitar pedir siempre cerveza.

El precio de las tapas y el vino bien merece ese momento de relajación cañí, mirando las estanterías repletas de botellas con la copa en la mano, y esa contentura que le entra a uno cuando toma casi más cantidad de vino que de comida. La cantidad de las tapas no es excesiva, que es realmente un acierto ya que no son precisamente platos ligeros. De hecho, con unos platos entre varias personas bien se puede sustituir la comida a mediodía o la cena.

De los muchos sitios con encanto que se pueden encontrar en el Paseo de las Canteras y sus alrededores, la Tasca Galileo es uno de los que se pueden calificar casi de visita obligada. Aunque sólo sea por ver las caras de los que no han estado, preguntándose a qué sabra eso del queso frito con melón.

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