El alegre diagnóstico de las hormonas alocadas


Un buen día, vas a probarte unos pantalones y te das cuenta de que a duras penas entras en la talla 42. Sorprendida, recuerdas aquel día en el que entraste en el probador con unos pantalones de la talla 38 y otros de la 36, y casi logras meterte en los de la 36. Vale, han pasado unos 5 ó 6 años desde aquello. Pero piensas en cuánto pesabas en aquella época y cuánto pesas ahora, y descubres que hay un lapso de 20 kilos.

Recordando, también caes en la cuenta de que pasaste varios años de post-adolescencia espigada, a veces demasiado delgada; y que el momento en el que empezaste a coger kilos como por arte de magia, coincidió con la aparición de problemas menstruales. En aquel momento fuiste al ginecólogo, que te mandó unos análisis hormonales. Resultó que las hormonas masculinas te debían salir por las orejas, ya que si escaparan de tu cuerpo en forma de barba podrías trabajar en un circo. Pero aquí no pasa nada. Píldoras anticonceptivas, y mañana será otro día.

6 años y 20 kilos después, volví a tener problemas menstruales. Y volví al ginecólogo. Sólo que esta vez todo el asunto resultó mucho más divertido, pintoresco incluso.

Para empezar, me hicieron una ecografía de los ovarios y una citología en una consulta que parecía el camarote de los hermanos Marx, a juzgar por la alegría con la que entraban y salían médicos mientras una se encontraba espatarrada e indefensa. Una vez estuve decentemente sentada en una silla con los pantalones puestos, la ginecóloga me indicó que probablemente tuviera lo que yo en aquel momento entendí como “…nanana ovarios poliquísticos”. Le pregunté si eso quería decir que tenía quistes en los ovarios, y me respondió que no necesariamente, pero ya me explicaría después de confirmarlo con el análisis hormonal. Ah, sorpresa, sorpresa. Fantástico.

Volví con el resultado de los análisis hormonales, y esta vez me encontré con una ginécologa diferente de la anterior, bastante malencarada. Hasta el momento, las pruebas que me habían hecho eran exactamente las mismas que años atrás, cuando me dijeron tienes más testosterona que tus dos hermanos juntos pero aquí no pasa nada. Esta vez sí pasaba; como bien me había adelantado la otra ginecóloga, sorpresa, sorpresa.

La aguerrida profesional que tenía enfrente, empezó por echarme la bronca por haber llegado 15 minutos tarde a consulta. Tenía guasa, cuando la consulta anterior yo había estado esperando durante una hora y media para ser atendida, amén de exponer mis bajos fondos a todo el que quisiera pasar por allí. Pero no hemos venido a esto, dígame usted lo que tengo.

Tienes SOP [¿el qué?] SOP. Síndrome de Ovarios Poliquísticos. Es un síndrome crónico, vamos, que lo vas a tener toda la vida. En principio no es grave, pero si no se trata puedes llegar a desarrollar diabetes, hipertensión y cáncer de endometrio [¿de qué?] De endometrio, es la sustancia que recubre el útero.

Su tabaco, gracias.

Maravillas de la ciencia, aquella mujer consiguió decir estas palabras casi textuales: sin respirar, sin parpadear, y sin dudar ni un momento. Me recitó las complicaciones del SOP con el mismo tono monocorde y mecánico con el que yo recitaba las preposiciones en el colegio (a ante bajo cabe con contra de…)

Pero la lícita heredera del bigotudo que anunciaba los Micro Machines aún no había terminado. Sorpresa, sorpresa. Yo todavía estaba recogiendo la mandíbula de su inmaculada mesa cuando volvió a poner la cinta, digo a abrir la boca.

¿Quieres tener hijos? [No, la verdad es que no] Bueno, pues si los quieres tener, mejor date prisita. Vamos, que no dejes que se te pase el arroz. Porque vas a tener muchos problemas para tener hijos. De hecho, si quisieras quedarte embarazada tendrías que recurrir a fertilización.

Menos mal que el día que me bajó la regla, ya tenía claro que no quería hijos, y a día de hoy sigo pensando igual. Porque aquello ya era de verdadero profesional. Tuve una profesora de Filosofía que tenía el poder de emplear el mismo tono para hablar de Nietzsche, contar un chiste o decir qué frío hace hoy. Pero esta mujer la dejaba a la altura del betún. Mientras la ginecóloga tecleaba a dos dedos su alegre diagnóstico en el ordenador, yo no dejaba de maravillarme. Qué capacidad de hilar palabras sin pausa. Qué control de la entonación, hasta hacerla desaparecer. Qué distanciamiento profesional tan frío, duro y cruel.

Así y todo, la cosa no dejaba de tener su gracia. Mismas pruebas, distinto diagnóstico… ¡y el mismo tratamiento! Otra vez las pastillitas anticonceptivas, y para casa. Te doy la receta sin fecha para un año, así tienes que volver a revisión. Claro, no sea que dentro de un año se me hayan olvidado las palabras “cáncer de endometrio”, así me las puedes volver a recordar con esa voz de ángel exterminador.

Salí de la consulta abatida y asustada. Pasé una de las peores semanas de mi vida dándole vueltas a las palabras de la máquina de tabaco, digo la ginecóloga, sintiendo que cada vez me sonaban peor. Fui al médico de cabecera reclamando respuestas, pero lo único que obtuve fue la misma información transmitida de forma algo más amable.

Afortunadamente, mi indignación sirvió como un revulsivo que me animó a buscar por mi cuenta lo que los médicos no eran capaces de darme: información. Tenía la intuición de que había mucha historia que no me habían contado. Efectivamente, así fue. Empecé por internet y continué en los libros; eso sí, traídos de Estados Unidos ya que parece que la actitud negligente con el SOP no es ni mucho menos exclusiva de los médicos que me habían tocado. Encontré frustrante que la inmensa mayoría de la información estuviera en inglés; ningún problema para mí, pero ¿cuántas otras mujeres se están perdiendo mucha parte de la historia por no tener acceso a información en español?

Avanzando, descubrí que muchas mujeres habían recorrido ya el mismo camino. Casualmente, en muchas historias está presente el diagnóstico infravalorado por un médico despótico y la posterior búsqueda autodidacta de soluciones. Hay mujeres españolas que están luchando para que el SOP se haga un hueco en los cráneos previlegiados de este país; para que entre otras cosas empecemos a disfrutar de una atención similar a la que tienen las mujeres estadounidenses, que cuentan con grupos de ayuda y una red de especialistas que realmente saben de lo que están hablando. Para empezar, estaría muy bien que nos derivasen al endocrino que es el especialista indicado, no el ginecólogo. Que el ginecólogo haga un seguimiento de un trastorno hormonal sólo porque uno de los síntomas es la menstruación irregular y otro la presencia de quistes en los ovarios, sólo muestra la ignorancia que los propios médicos tienen en cuanto al SOP.

Por cierto, a día de hoy sigo sin saber si tengo quistes en los ovarios. La ginecóloga estrella estaba demasiado ocupada anunciándome el Apocalipsis como para aclarármelo.

Probablemente los siguientes análisis sean mucho mejores, enmascarados como estarán sus resultados por un año de ingerir la pastillita. Pero el SOP sigue ahí. Se nota en el cuerpo, tanto si remite como si empeora. La diferencia es que ahora sé a lo que me enfrento. Conozco mi enfermedad, y conozco cómo mi cuerpo funciona a causa de ella. Y me siento silenciosamente arropada por las mujeres que se han agrupado en torno al SOP, facilitando información y apoyo a las recién llegadas. También esperanzada, por los intentos de crear la Asociación Española de Síndrome de Ovarios Poliquísticos: http://www.sopspain.tk/

No estamos solas.

Anuncios

2 Respuestas a “El alegre diagnóstico de las hormonas alocadas

  1. Pingback: El SOP, una carrera de fondo | Metal Percutido·

  2. Pingback: El día que aprendí a sonreírme en el espejo | Metal Percutido·

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s